En profundidad

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ESTRÉS LABORAL Y DEPRESIÓN. EL PAPEL DE LOS RIESGOS PSICOSOCIALES EN EL TRABAJO

Beatriz Talavera Velasco
Universidad Complutense de Madrid

 

El estrés asociado al trabajo sobreviene cuando la persona percibe de forma perjudicial su entorno laboral y siente que no puede hacer frente a las exigencias que se le demandan (Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, 2015). Cuando el estrés laboral se prolonga en el tiempo, aparecen situaciones críticas como el síndrome de estar quemado en el trabajo o burnout. Como señalan Moreno-Jiménez y Báez (2010), los antecedentes del estrés laboral crónico se pueden clasificar en factores psicosociales, factores de riesgo psicosocial y riesgos psicosociales. Los primeros son condiciones organizacionales de carácter psicosocial que pueden ser positivas o negativas. Cuando son apropiadas aumenta el bienestar laboral, la motivación y el desarrollo de competencias profesionales. Ejemplos de factores psicosociales pueden ser: la cultura, el liderazgo, el clima organizacional o las demandas laborales. Si estas condiciones provocan respuestas de estrés, inadaptación o tensión, se estaría hablando de factores de riesgo psicosocial. La falta de control o el exceso de demandas laborales serían algunos ejemplos. Por último, los riesgos psicosociales son situaciones o contextos laborales que dañan de forma importante la salud del trabajador, como el síndrome de estar quemado en el trabajo o el acoso psicológico laboral.

Cuando los trabajadores perciben de forma adversa al menos tres de las siguientes condiciones laborales: excesivas demandas cognitivas en el trabajo, escasa seguridad laboral, falta de autonomía (o control) en el trabajo o escaso apoyo de los compañeros y/o supervisores, presentan de tres a cinco veces más probabilidad de padecer un trastorno mental que los trabajadores que no perciben de forma adversa dichas condiciones (Ten Have, vanDorsselaer, & de Graaf, 2015).

Beatriz Talavera Velasco

Es Licenciada en Psicología (especialidades de Psicología del Trabajo y Psicología Clínica) y Colaboradora Honorífica en el Departamento de Psicología Diferencial y del Trabajo de la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado diferentes artículos sobre salud laboral en revistas con factor de impacto y próximamente se publicará su tesis doctoral sobre estrés en policías.

Contacto: beatriztalavera@ucm.es

Al prolongarse la percepción adversa de los factores de riesgo psicosocial en el trabajo aparecen reacciones emocionales negativas que predicen sintomatología depresiva (Andrea, Bültmann, van Amelsvoort, & Kant, 2009). Los trastornos depresivos se distinguen por la presencia de tristeza, sentimiento de vacío, irritación, cambios en el funcionamiento cognitivo y quejas somáticas que dificultan de forma significativa la actividad diaria del individuo. El trastorno depresivo mayor representa la condición clásica de este tipo de trastornos (ocurrencia de frecuentes episodios depresivos durante al menos dos semanas de duración); aunque existen en población adulta otros como la distimia, el trastorno depresivo inducido por sustancias/condición médica u otros trastornos depresivos inespecíficos (American Psychiatric Association, 2013).

Existen escasos estudios longitudinales que analicen el desarrollo de la depresión a causa de los factores de riesgo psicosocial en el trabajo. La mayor parte de estos estudios proceden de países como Estados Unidos o Dinamarca y son de tipo transversal, es decir, recogen información en un momento determinado del tiempo, sin poder establecer relaciones de tipo causal (Kikuchi et al., 2010; Murcia, Chastang, & Niedhammer, 2013).

Los modelos teóricos que han identificado diversas condiciones del trabajo como factores que propician el desarrollo de depresión son: el modelo Demanda-Control-Apoyo Social (Karasek & Theorell, 1990) y el modelo Desequilibrio Esfuerzo-Recompensas (Siegrist, 1998). Dichos modelos señalan que las situaciones en las que el trabajador percibe excesivas demandas laborales, bajo control sobre el trabajo, escaso apoyo por parte de compañeros y/o supervisores o insuficientes recompensas en proporción al esfuerzo invertido, pueden producir estrés laboral que, prologando en el tiempo, afectará a la salud mental, pudiéndose desencadenar algunos trastornos como la depresión o los trastornos de ansiedad.

Algunos de los factores de riesgo psicosocial identificados que se encuentran relacionados con el desarrollo de síntomas depresivos son los siguientes: la falta de supervisión, la inseguridad laboral, percibir escaso control sobre las tareas o tener poca capacidad de decisión sobre las mismas, tener problemas para conciliar la vida laboral con la vida familiar o percibir escasas recompensas en relación al esfuerzo invertido en el trabajo (Burgard, Elliott, Zivin, & House, 2013).

Se ha constatado que un desequilibrio entre esfuerzos y recompensas predice síntomas depresivos, al igual que un rango ocupacional inferior dentro de la jerarquía organizacional (Rugulies et al., 2012). Por otro lado, Smith y Bielecky (2012), en un estudio realizado que incluía un seguimiento de dos años a los trabajadores participantes, señalaron que la percepción de altas demandas psicológicas en el trabajo se asocia con el riesgo de sufrir un trastorno depresivo.

Los factores mencionados en diferentes investigaciones coinciden con los modelos teóricos más utilizados, explicados anteriormente. No obstante, es preciso tener en cuenta que existen otros factores como poseer una mayor antigüedad en el puesto de trabajo, realizar horas extra o trabajar en fin de semana, los cuales se asocian con un mayor riesgo de desarrollar síntomas depresivos (Weigl, Hornung, Petru, Glaser, & Angerer, 2012). Por lo tanto, se hace necesario ampliar el abanico de factores que puedan desencadenar depresión a evaluar, ya que es posible que exista un mayor número de condiciones laborales adversas que se relacionen con síntomas depresivos; sin embargo, el hecho de basarse en un modelo teórico determinado y unos instrumentos que evalúan un número limitado de condiciones laborales de origen psicosocial puede limitar la validez de las investigaciones (Weigl, Hornung, Petru, Glaser, & Angerer, 2012).

Entre los cuestionarios más utilizados para evaluar el estrés laboral en España se encuentran el cuestionario DECORE (Luceño & Martín, 2008) y los instrumentos propiciados por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo en sus versiones informáticas más actualizadas. Actualmente se están realizando estudios de validez y fiabilidad en distintas ocupaciones de diferentes sectores, al menos en el caso del cuestionario DECORE.

A pesar de que la evaluación de los factores de riesgo psicosocial es una pieza clave para modificar el entorno organizacional con el objeto de evitar estrés en el trabajador, también se utiliza el constructo burnout para predecir síntomas relacionados con peor salud mental.

El burnout se define como altos niveles de cansancio emocional o sensación de estar agotado emocionalmente, altos niveles de despersonalización o sentimiento de tomar mayor distancia emocional hacia compañeros y clientes/pacientes, y bajos niveles de realización personal en el trabajo. Es un constructo reconocido en las investigaciones e incluso se ha desarrollado el Maslach Burnout Inventory como instrumento de evaluación destacado (Maslach & Jackson,  1981). De hecho, en un estudio publicado por  Marchand y Durand (2011), se detectó que los factores de la versión de 16 ítems del MBI predecían la salud mental.

Sin embargo, el síndrome de estar quemado por el trabajo aún no está reconocido como trastorno mental por la American Psychiatric Association. Algunos estudios señalan que existe solapamiento entre síntomas depresivos debido a condiciones del trabajo adversas y la propia denominación del constructo burnout (Bianchi, Schonfeld, & Laurent, 2015); e incluso se enfatizado la necesidad de delimitar el constructo para evitar diagnósticos de enfermedad incorrectos (Kaschka, Korczak, & Broich, 2011). Por lo tanto, parece necesario aumentar las publicaciones de estudios longitudinales que identifiquen los antecedentes de la depresión en el trabajo y se analice si los síntomas derivados de este trastorno se diferencian de los especificados por el burnout.

Algunas reflexiones derivadas de lo anterior expuesto pueden ser las siguientes: elaborar modelos teóricos que evalúen un número más amplio de condiciones organizacionales; especificar la etiología en el diagnóstico médico de la depresión cuando la persona problemas en el trabajo, ya que un objetivo importante para las organizaciones es la reducción del absentismo laboral y el número de bajas médicas; y aumentar la participación e implicación de directivos y trabajadores en la realización de estudios a lo largo del tiempo sobre condiciones laborales desencadenantes de síntomas depresivos.

Referencias bibliográficas

Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (2013). Trabajos saludables: gestionemos el estrés-Guía de la campaña Gestión del estrés y de los riesgos psicosociales en el trabajo. Eu-Osha. [citado 2 febrero 2015]. [Aprox. 32 p.] Disponible en: http://bookshop.europa.eu/is-bin/INTERSHOP.enfinity/WFS/EU-Bookshop-Site/es_ES/-/EUR/ViewPublication-Start?PublicationKey=TE0114603

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ª ed.). Washington, DC: American Psychiatric Association.

Andrea, H., Bültmann, U., van Amelsvoort, L. G. P. M., & Kant, Y. (2009). The incidence of anxiety and depression among employees-the role of psychosocial work characteristics. Depression and Anxiety, 26, 1040-1048.

Bianchi, R., Schonfeld, I. S., & Laurent, E. (2015). Is it time to consider the “burnout syndrome” a distinct illness? Frontiers in Public Health. 3, 158.

Burgard, S. A, Elliott, M. R., Zivin, K., & House, J. S. (2013). Working conditions and depressive symptoms: A prospective study of US adults. Journal of Occupational and Environmental Medicine, 55, 1007-1014.

Karasek, R. A. & Theorell, T. (1990). Healthy work, stress, productivity and the reconstruction of working life. New York: Basic Books.

Kaschka, W. P, Korczak, D., & Broich, K. (2011). Burnout: a fashionable diagnosis. Deutsches  Ärzteblatt International, 108, 781-787.

Kikuchi, Y., Nakaya, M., Ikeda, M., Narita, K., Takeda, M., & Nishi, M. (2010). Effort-reward imbalance and depressive state in nurses. Occupational Medicine, 60, 231-233.

Luceño, L. & Martín, J. (2008). DECORE. Cuestionario de Evaluación de Riesgos Psicosociales. Madrid: Ediciones TEA.

Marchand, A. & Durand, P. (2011). Psychological distress, depression, and burnout: similar contribution of the job demand-control and job demand-control-support models? Journal of Occupational and Environmental Medicine, 53, 185-189.

Maslach, C. & Jackson, S. E. (1981). The measurement of experienced burnout. Journal of Occupational Behaviour, 2, 99-113.  

Moreno-Jiménez, B. & Báez, C. (2010). Factores y riesgos psicosociales, formas, consecuencias, medidas y buenas prácticas. Madrid: INSHT.

Murcia, M., Chastang, J. F, & Niedhammer, I. (2013). Psychosocial work factors, major depressive and generalised anxiety disorders: Results from the French national SIP study. Journal of Affective Disorders, 146, 319-327.

Rugulies, R., Aust, B., Madsen, I. E. H., Burr, H., Siegrist, J., & Bültmann, U. (2012). Adverse psychosocial working conditions and risk of severe depressive symptoms. Do effects differ by occupational grade? European Journal of Public Health, 23, 415-420.

Siegrist, J. (1998). Adverse health effects of Effort-Reward Imbalance at work: Theory, empirical support and implications for prevention. In: Cooper, C. L. (Ed.), Theories of Organizational Stress (pp. 190-204). Oxford: Oxford University Press.

Smith, P. M. & Bielecky, A. (2012). The impact of changes in job strain and its components on the risk of depression. American Journal of Public Health, 102, 352-358.

Ten Have, M., van Dorsselaer, S., & de Graaf, R. (2015). The association between type and number of adverse working conditions and mental health during a time of economic crisis (2010-2012). Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 50, 899-907.

Weigl, M., Hornung, S., Petru, R., Glaser, J., & Angerer, P. (2012). Depressive symptoms in junior doctors: A follow-up study on work-related determinants. International Archives of Occupational and Environmental Health, 85, 559-570.