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La violencia intragénero

José Gabriel Rodríguez Pérez
Universidad Complutense de Madrid

 

Se considera violencia intragénero al maltrato físico, psicológico (coerciones, aislamiento o control), sexual (obligar al otro miembro de la pareja a mantener relaciones sin su consentimiento o sin el empleo de medidas preventivas de contagio de enfermedades de transmisión sexual) y económico (desigualdad de acceso a los recursos económicos dentro de la pareja) que tiene lugar dentro de las parejas del mismo sexo. Dicha violencia se manifiesta entre personas de diferentes edades, etnias, trasfondos socio-económicos y clases sociales (Toro-Alfonso y Rodríguez-Madera, 2004).

José Gabriel Rodríguez Pérez

Es Graduado en Trabajo Social por la Universidad Pontificia de Comillas. Además, ha realizado el Máster en Trabajo Social Comunitario-Gestión y Evaluación de Servicios Sociales. Actualmente está llevando a cabo su tesis doctoral sobre violencia Intragénero y es colaborador habitual en la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés.

Desde que Island y Lettelier (1991) intentaran explicar el origen o las causas de la violencia en parejas del mismo sexo, así como identificar las razones que llevan a este tipo de conductas, han pasado 2 décadas en las que de los aproximadamente 14.200 estudios de investigación de violencia en parejas, sólo 400, menos de un 3%, se refieren específicamente a la violencia intragénero (Edwards, Sylaska y Neal, 2015). El problema de que en la actualidad la violencia en parejas del mismo sexo siga siendo un hecho invisible se debe al contexto histórico que envuelve a la homosexualidad, ya que ha sido muy castigada tanto por la Religión como por la política, y ambos son dos pilares que juegan un papel fundamental dentro de los enfoques integradores en el colectivo LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales). Prueba de ello es que en la actualidad en 73 países (casi un 40% del total), ser homosexual sigue considerándose delito (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transsexuales e Intersesexuales, 2016).

Hamberger (1996), Gates (2011) y Oringher (2012) pusieron de manifiesto que el problema de que la violencia en las parejas se haya abordado desde una perspectiva heterosexista ha tenido como consecuencia que se ignoraran las manifestaciones de este tipo de violencia en parejas del mismo género. Los primeros autores en alertar del problema de la violencia en parejas del mismo sexo fueron Island y Letellier (1991), quienes identificaron que cerca de 500.000 hombres gay en los Estados Unidos habían sido víctimas de violencia doméstica y un número similar fueron agresores, así como que 1 de cada 3 hombres homosexuales asesinados lo eran a manos de su pareja.

A finales de la década de los 90 la violencia en parejas del mismo sexo era considerada uno de los grandes problemas de salud pública al que se enfrentaba la población LGBTI (Burke y Follingstad, 1999). Todavía hoy los estudios siguen siendo escasos y continúa existiendo un vacío por parte de las administraciones competentes que genera una falta de información que, a su vez, implica desorientación en la búsqueda de apoyo en las personas que la padecen. Jackson (2007) destaca que el silencio a la hora de reconocer la violencia intragénero es algo que mantienen en común los gays y lesbianas maltratados ya que se trata de un tema rodeado de ocultamiento y discriminación social. Walters (2011) señala que las víctimas de maltrato gays, lesbianas, bisexuales y transexuales dicen sentirse repetidamente silenciadas, aisladas e indefensas, debido a la falta de apoyo y a que han sufrido marginalidad, discriminación, prejuicios o castigo a lo largo de la historia por parte de los poderes institucionales y sociales más conservadores. Merrill y Wolfe (2000) mencionan que existía miedo por parte de los miembros de la comunidad LGTBI a que el reconocimiento público de este problema implicara un aumento en los ataques homofóbicos provenientes de los sectores más radicales.

Es debido a todo lo anterior por lo que ha existido hasta hace relativamente poco el mito de que la violencia dentro de las parejas sólo afectaba al colectivo heterosexual. Pero la realidad es que la violencia en parejas se da tanto en parejas heterosexuales como homosexuales, con una tasa de prevalencia en casi todos los tipos de maltrato (control, coercitivo, de aislamiento, físico y sexual) de casi dos veces más frecuente entre las parejas del mismo sexo y bisexuales que entre las heterosexuales (Messinger, 2011). Este autor también indica que las mujeres de las minorías sexuales lesbianas y bisexuales son más propensas a ser víctimas de maltrato sexual en comparación a los otros grupos. Walters, Chen y Breiding (2013) muestran unas tasas de prevalencia de violencia entre adultos LGB similares al estudio de Messinger citado anteriormente, siendo dichas tasas del 61,1% en mujeres bisexuales, del 43,8% en mujeres lesbianas, del 37,3% en hombres bisexuales y del 26,0% en hombres homosexuales, mientras que en los adultos heterosexuales se revelaron del 35,0% en mujeres y del 29,0% en hombres.

Cabe destacar que de manera similar a lo que está documentado en la investigación con muestras heterosexuales, la investigación con muestras de estudiantes y de la comunidad de las personas LGB sugiere que la violencia física, sexual y psicológica en pareja es más a menudo mutua y bidireccional, en oposición a la unidireccional (Sylaska y Edwards, 2014). La problemática del maltrato debe ser observada especialmente en los adolescentes, pues es en esa etapa de la vida cuando se comienzan las primeras relaciones de noviazgo. Por ello, es importante enseñar a este grupo a manejar y percibir situaciones de maltrato (Urbiola Pérez, 2014). De esta manera evitaremos que puedan entrar en una cadena de eslabones que les lleven de una relación de maltrato a otra. La mayor parte de los estudios sobre la prevalencia de la violencia en parejas se han realizado con muestras de adultos, aunque las investigaciones más recientes están introduciendo muestras de adolescentes y jóvenes en edad universitaria. Muchos de los estudios no comparan entre adolescentes heterosexuales y homosexuales, son cualitativos, no evalúan la perpetración de la violencia, son transversales o miden la violencia de pareja a través de un único elemento (Reuter, Sharp y Temple, 2015). En población adulta sucede más de lo mismo. La mayoría de los estudios que examinan los correlatos de la victimización y la perpetración de la violencia en parejas entre individuos LGB son transversales y existe una frecuente ausencia de un grupo de comparación heterosexual que hace imposible explicar por qué los individuos LGB pueden demostrar mayores tasas de violencia en pareja que los heterosexuales.

Por eso es necesario continuar aumentando la investigación, la prestación de servicios, las políticas de actuación, las campañas educativas, el registro de muestras de estudios con más rigor, así como los puntos de acceso primarios de violencia intragénero (por ejemplo organizaciones LGBTI y clínicas de control y prueba de VIH y  ETS en general) que nos ayuden a identificar y referenciar adecuadamente a los afectados por este tipo de violencia (Koziol-McLain, Giddings, Rameka y Fyfe, 2008). Además es necesaria una revisión de la legislación en esta materia, ya que los servicios legales han sido diseñados para la violencia en las parejas heterosexuales, teniendo las parejas homosexuales difícil acceso a ellos y careciendo de una cobertura legal adecuada. Sólo avanzando en estos aspectos podremos conocer, ampliar y reflexionar sobre las necesidades de investigación sobre la violencia intragénero, en un tema tan complejo que debe ser entendido desde una perspectiva multidimensional en la que se consideren tanto los aspectos individuales como los aspectos sociales de las personas involucradas.

Por todos los motivos expuestos anteriormente, es esencial promover la concienciación para que las personas gays, lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales víctimas de la violencia en pareja tengan igualdad de acceso, información, casas de acogida y apoyo de los servicios gubernamentales, al igual que las víctimas de violencia heterosexual.

Referencias bibliográficas

Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transsexuales e Intersesexuales (ILGA) 2016. Leyes sobre orientación sexual en el mundo-mapa general. [citado 19 marzo 2017]. Disponible en: http://ilga.org/es/

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Walters, M. L., Chen, J., & Breiding, M. J. (2013). The National Intimate Partner and Sexual Violence Survey (NISVS): 2010 findings on victim- ization by sexual orientation. Atlanta, GA: National Center for Injury Prevention and Control.